El latín contaba con cuatro interrogativos de lugar que indicaban la ubicación o el movimiento y en este caso precisaban la dirección del mismo. Estos elementos eran ubi ‘dónde’, quo ‘a dónde’, qua ‘por dónde’ y unde ‘de dónde’. Los interrogativos y relativos locativos en las lenguas romances proceden de las formas latinas ubi y unde, de tal manera que estos idiomas pueden clasificarse en lenguas ubi (fr. où, it. dove) y lenguas unde (esp. donde, ptg. onde, cat. on). Las variedades vernáculas de las lenguas nacionales muestran una pluralidad de formas, a veces, en contraposición con el locativo privilegiado por el estándar nacional como sucede en los dialectos septentrionales y meridionales de Italia. El asturiano y el aragonés poseen dos locativos procedentes de cada uno de los étimos: ast. u (también au) / onde, arag. do / don. En español antiguo convivían derivados de los dos étimos latinos, por una parte, ó y do y, por otra, onde y donde.
Todos los manuales y gramáticas históricas del español dedican una sección a la diacronía de los adverbios locativos; sin embargo, a pesar de representar un capítulo fundamental de la configuración histórica de esta lengua, existen pocos trabajos monográficos sobre la evolución de los interrogativos y relativos locativos. Una de las principales preocupaciones de los hispanistas ha consistido en esclarecer los motivos y la cronología de la desaparición del valor ablativo de (d)onde y el reemplazo de los derivados de ubi (o, do). Herrero Ruiz de Loizaga (2002, 2005: 186-204) explica la pérdida del significado de origen de onde como consecuencia de la generalización de donde (amalgama de la preposición de y onde) y formula una explicación similar para aclarar el destino de o y do. En general, los estudios anteriores aceptan como causa principal de los fenómenos que afectan a los adverbios locativos del español un conjunto de cambios cíclicos de debilitamiento-refuerzo-debilitamiento. Las fases de esta serie están sintetizadas en Espinosa Elorza (2010: 383) y marcan las etapas históricas en la formación del paradigma de interrogativos y relativos locativos. De acuerdo con esta propuesta, en el castellano preliterario los elementos ó y onde se reparten los sentidos, respectivamente, de ‘ubicación’ y ‘origen’. La supuesta estabilidad de este sistema se ve descompensada por la creación de do con función ablativa y su desplazamiento en los albores del siglo XIII hacia la estatividad. En el siglo XIV onde adquiere el valor estático y es necesaria la formación de donde en el siglo XV para ocupar la casilla del sentido ablativo. El siglo XVI es testigo de la sinonimia de las variantes onde, do y donde y de la formación reforzada de de donde.
El trabajo reciente de González Santalolla (2022) asume la explicación tradicional y tiene como objetivo principal el estudio de los mecanismos sintácticos (anteposición de preposiciones) y semánticos (significado de los verbos) que refuerzan los valores semánticos de ubicación, dirección y procedencia de los adverbios relativos de lugar. De los distintos valores y usos sintácticos de los adverbios locativos se ocupa también Elvira (2006).
Salvo Del Barrio (2018a), ningún estudio ha incluido factores geográficos o textuales en la explicación de los procesos de cambio que afectan al sistema de interrogativos y relativos de lugar en español.
Para la elaboración del mapa del AHE se han buscado todas las formas de los adverbios locativos: do, donde (y la prefijada adonde), ó (y su variante ú) y onde (con las variantes apocopadas ond y ont). Las búsquedas han arrojado construcciones preposicionales (principalmente con las siguientes preposiciones: a, en, de, desde, hacia, hasta, por).
El relativo ó se documenta por primera vez en 1201 y se registra por última vez en una provisión real dada en Valladolid en 1560. La forma onde aparece con función ablativa en un documento leonés de 1239 y con este valor su documentación más reciente se encuentra en una carta de privilegio de Juan II (Toledo, 1422). Con valor de ubicación se documenta desde 1242 hasta 1542. Por lo que respecta a do, comparece, con un refuerzo preposicional (en do), en una carta de compraventa (Calatayud, Zaragoza, 1345) y desaparece en 1562. El caso más antiguo del adverbio donde se halla en 1242 y se mantiene hasta el último año del período acotado en este capítulo. Los escasos ejemplos de donde sin preposición con función ablativa se concentran entre 1282 y 1430.
Los mapas del AHE muestran la distribución geográfica de las cuatro variantes principales del adverbio locativo con función de localización estática y contribuyen a esclarecer los procesos de cambio lingüístico, sustitución de variantes decadentes y formación de nuevas construcciones. El adverbio ó, la variante más frecuente hasta la primera mitad del siglo XIV, está repartido por todo el norte peninsular con especial intensidad en Castilla y el área leonesa. En las provincias castellanas reaparece con especial fuerza en el siglo XVI. La forma onde tiene una fuerte presencia en las variedades norteñas occidentales y se mantiene con especial intensidad en el centro peninsular durante la Baja Edad Media para desaparecer casi definitivamente en la segunda mitad del siglo XVI. La variante do está ausente del panorama iberorromance en el siglo XIII e irrumpe en el siglo XIV con un importante foco en territorios altoaragoneses, desde donde se va a expandir hacia el oeste (territorios castellanos) y el sur (Bajo Aragón y Levante) en el siglo XV. En el siglo XVI se mantienen algunos focos residuales en el norte de Castilla y en Aragón. La presencia del adverbio moderno es testimonial en los siglos centrales de la Edad Media con focos débiles en el centro peninsular. Desde ahí va a imponerse en el siglo XVI. Los mapas dinámicos del AHE sugieren que la forma actual del adverbio locativo se origina como consecuencia del contacto dialectal que tiene lugar en la franja central a lo largo del siglo XV y, en concreto, como amalgama de dos unidades dialectalmente marcadas, una occidental (onde) y otra oriental (do).
El gráfico de la figura 1 esquematiza la evolución de las variantes principales del adverbio interrogativo-relativo de lugar.

Figura 1. Diacronía de las variantes del adverbio locativo.
La evolución de las variantes de los relativos e interrogativos locativos en la historia del español dibuja distintos tipos de curvas de cambio que simbolizan una serie de mutaciones fallidas. La forma más arcaica ó presenta una trayectoria descendente que se convierte en declive imparable a partir de la segunda mitad del siglo XIV. Un itinerario semejante recorre el adverbio onde. El mapa dinámico permite observar la extensión de la función ablativa de onde. Esta función, prácticamente nula en Navarra y Aragón, se actualiza en los territorios centropeninsulares y en el dominio leonés con particular vigor durante el siglo XIV (con casi la mitad de las apariciones), sobre todo, en su primera parte. El análisis de los mapas de ó y de onde (‘origen’) apunta a que la funcionalidad de la distinción etimológica alcanzó una cierta rentabilidad en los dialectos norteños del dominio leonés y castellano y fue prácticamente nula en las variedades orientales, donde onde se aprovechó con labores discursivas de ilación textual (cf. Herrero Ruiz de Loizaga, 2018): “ont queriemos e atorgamos a vós que d’aquí enant ayades, e espleitedes e herededes los ditos logares salvos” (Belsué, Buesca, 1290).
Surgida en el XIV, do traza una curva en campana propia de los cambios fallidos. Durante la segunda mitad del Trescientos esta construcción actualiza seis de cada diez adverbios locativos en la documentación bajomedieval con porcentajes de aparición en torno al 60,5%, porcentajes que se reducen a la mitad en la primera parte del siglo XVI. La impronta navarroaragonesa de do es clara; no obstante, es posible establecer un distinción dialectal ulterior en virtud de la preposición que la acompaña: los dominios castellano y leonés anteponen la preposición a en más de la mitad de las ocurrencias de do en estas áreas, mientras que los territorios navarro-aragoneses prefieren la construcción en do si bien muy por debajo del adverbio escueto (12 casos frente a 108 ocurrencias).
El único ejemplo documentado de do con valor ablativo aparece en un petición firmada en Granada en 1526, en la que cumple funciones claramente discursivas: “ansimismo vuestra alteza me probeyó a mí y al dicho Fabián Gómez por escrivano de número del dicho concejo, do resulta que quanto al número que dize no hizo la relación que deviera”.
El punto clave de la competición entre do y donde se sitúa en la centuria que media entre 1350 y 1450; el auge de do en la segunda mitad del siglo XIV coincide con un momento de frecuencia ínfima de donde (apenas un 2%). Esta forma, sin embargo, asciende paulatinamente y va a ocupar todo el espacio funcional en la segunda mitad del siglo XVI. El adverbio donde actualiza el significado de origen en contadas ocasiones como demuestra el hecho de que solo en menos de un caso cada cien (9/136) funciona como argumento de verbos como venir, salir o descender (“por los muchos servicios que vós […] fiziestes a los reyes donde yo vengo”, Valladolid, 1282) y en especial en documentos de la Cancillería real localizados en el centro peninsular (Valladolid, Madrid, Toledo).
La distribución dialectal que muestran los mapas dinámicos del AHE en relación a las variantes del adverbio interrogativo-relativo de lugar han de complementarse con la caracterización socioestilística que reciben en cada área de influencia. Los gráficos recogidos en la figura 2 ofrecen un indicio de la valoración diastrática de cada forma en dos macroáreas dialectales. Para confeccionar estos gráficos, se compara el volumen de ocurrencias de cada una de las formas en dos ámbitos sociotextuales. Bajo la rubrica de “cancillerescos y otros” se incluyen los documentos de mayor formalidad y solemnidad. En el otro extremo se encuentra la tipología textual de ámbito privado (“particular”). Esta clasificación ha de tomarse con cautela, pero permitirá extraer algunas conclusiones —siquiera provisionales y orientativas— acerca del prestigio de cada locativo en las áreas consideradas, así como formular hipótesis sobre las vías de difusión de las variantes y los motivos sociolingüísticos que promueven su adopción o su rechazo. Se avanza así un somero análisis de sociodialectología histórica de las opciones materiales que actualizan el adverbio interrogativo-relativo de lugar en etapas pretéritas del español.




Figura 2. Marcación diastrática de las variantes del adverbio locativo por macroáreas.
En cuanto a la variante más antigua, se advierte cómo está presente en ambas tipologías sociodiscursivas y se mantiene en los ámbitos de la distancia comunicativa en el siglo XVI, cuando puede considerarse un arcaísmo de los registros más formales. Como elemento de la formalidad registral, se adopta en el área navarroaragonesa. El espacio de ó lo ocupará donde en el siglo XVI. Un perfil diastrático similar presente onde en el ámbito castellanoleonés, pero esta forma no adquiere el suficiente prestigio en Navarra y Aragón, donde aparece fundamentalmente en textos menos cuidados y no supera el Cuatrocientos.
Los mapas del AHE prueban cómo la construcción do se genera en las variedades orientales en el siglo XIV y de ahí se traspasa a las modalidades centrales y occidentales. El gráfico correspondiente en la figura 2 muestra que do surge en el ámbito más cercano a la coloquialidad lingüística, aunque los registros más formales no la rechazan. Si bien adquiere un ligero prestigio en el siglo XV, esta forma termina relegada a los ámbitos estilísticos más bajos en la escala de formalidad. En el dominio castellaleonés, la forma oriental do cuenta de inmediato con el prestigio de la Cancillería y mantiene esta valoración socioestilística hasta el siglo XVI. Los gráficos permiten apreciar la valoración divergente que do implica en los dos complejos dialectales: en el oriental, do muestra una valoración neutra y, a la postre, desprestigiada, mientras que en el grupo centrooccidental do se considera una variante prestigiosa. En definitva, do es una innovación que surge “desde abajo” en las variedades navarroaragonesas, pero se adopta “desde arriba” en las castellanoleonesas.
El gráfico correspondiente a la valoración socioestilística de donde muestra a las claras la frecuencia de esta forma en los registros textuales más formales y prestigiosos. Esta neoformación, que se propaga desde el centro peninsular, se convierte en una marca de prestigio y de la lengua elaborada que la convertirá en el adverbio interrogativo-relativo del español estándar moderno. La escasa penetración que este adverbio muestra en los dialectos rurales del español europeo del siglo XX (Del Barrio, 2018: 85-87) corrobora la difusión de esta forma a través de la escritura.
A partir de un corpus de romanceamientos bíblicos medievales, Del Barrio (2018b) muestra que las biblias castellanas del siglo XIII prefieren abundantemente el interrogativo ó, mientras que las realizadas en el siglo XV favorecen con claridad la construcción (a)do. Este desfase cronológico se observa en los romanceamientos transmitidos por manuscritos fechados en épocas distantes, como ilustra la denominada “biblia prealfonsí”. El manuscrito más antiguo (E6) de mitad del siglo XIII contiene la mayor parte de las apariciones de ó (32/39), mientras que (a)do se registra únicamente en el testimonio más reciente (E8) de 1400. A medida que se acercan al siglo XVI, las traducciones bíblicas favorecen la presencia de (a)do (que materializa 8 de cada diez interrogativos en la biblia de Ferrara), forma que compite en el siglo XIII con ó y, en los siglos posteriores, con dónde. Si el factor cronológico explica en gran parte las alternancias en los interrogativos locativos registrados en las traducciones bíblicas, la geografía histórica y la marcación socioestilística de las variantes locativas bosquejada en el presente capítulo puede aportar una nueva perspectiva para explicar la variación de los romanceamientos y, sin duda, de otros textos literarios antiguos.
Los adverbios interrogativo-relativos de lugar proceden de ubi y unde. La variación en el sistema de adverbios locativos constituye uno de los fenómenos más relevantes en el proceso de formación histórica de la lengua española. A pesar de su importancia, pocos estudios monográficos se han interesado por las causas y el desarrollo de los cambios que los afectan y han favorecido las explicaciones de índole interna. La distribución cronogeográfica de las variantes principales (ó, onde, do, donde) del adverbio locativo se convierte en un procedimiento heurístico excepcional para formular y sustentar nuevas hipótesis acerca de este cambio lingüístico. Esta distribución apunta a la creación de donde como resultado del contacto dialectal ocurrido en el centro peninsular a finales de la Edad Media.
Del Barrio de la Rosa, Florencio (2018a): Espacio variacional y cambio lingüístico en español. Madrid: Visor.
Del Barrio de la Rosa, Florencio (2018b): “La construcción interrogativa ¿(a)dólo? en los romanceamientos bíblicos del español antiguo”, Estudios humanísticos. Filología, 40, 215-235.
Elvira, Javier (2006): “Adverbios relativos de lugar en español medieval”, en César Hernández Alonso (ed.), Filología y Lingüística. Estudios ofrecidos a Antonio Quilis, II. Madrid: UNED, 1235-1348.
Espinosa Elorza, Rosa Mª (2010): Procesos de formación y cambio en las llamadas «palabras gramaticales». San Millán de la Cogolla: CILENGUA.
González Santolalla, Míriam (2022): “Estudio diacrónico de los adverbios relativos de lugar en un corpus de textos medievales”, Verba, 49, 1-23.
Herrero Ruiz de Loizaga, Francisco J. (2002): “Sobre la evolución histórica del sistema de adverbios relativos e interrogativos de lugar”, en Mª Terecha Echenique y Juan Sánchez Méndez (eds.), Actas del V Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, I. Madrid: Gredos, 657-674.
Herrero Ruiz de Loizaga, Francisco J. (2005): Sintaxis histórica de la oración compuesta en español. Madrid: Gredos.
Herrero Ruiz de Loizaga, Francisco J. (2018): “El conector ilativo-consecutivo onde en el español medieval”, Estudios Humanísticos. Filología, 40, 191-212.

